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  Próximo partido
3ª RONDA DE LA COPA DE SM EL REY

CÓRDOBA C.F.
RAYO VALLECANO


8 de septiembre
22:00 horas
El Arcángel

  Jornada 3-11/12 sept.
RVA - TEN
SAL - GIM
GIR - HUE
LPA - ALC
PON - VIL
ALB - GRA
VAL - REC
ELC - BET
CAR - FCB
XER - NUM
CEL - COR

  Clasificación jor.2
Po. Equipo Pt.
1 Betis 6
2 Valladolid 6
3 Rayo Vall. 6
4 Barcelona B 6
5 Elche 6
6 Alcorcón 4
7 Las Palmas 4
8 Salamanca 4
9 Cartagena 3
10 Celta 3
11 Gimnástic 3
12 Girona 3
13 Villarreal B 3
14 Huesca 2
15 CÓRDOBA 1
16 Albacete 1
17 Ponferradina 1
18 Numancia 0
19 Tenerife 0
20 Recreativo 0
21 Xerez 0
22 Granada 0

  Jornada 2- 4/5 Sept.
CAR 0-1 ELC
FCB 2-1 XER
COR 2-3 RVA
NUM 1-3 CEL
TEN 1-2 SAL
GIM 2-0 GIR
HUE 0-0 LPA
ALC 2-0 PON
VIL 1-0 ALB
GRA 0-1 VAL
REC 1-3 BET
CRÓNICA DEL VIAJE A ELCHE 2005
Regreso feliz en una tarde movidita ...




¿Qué podrían hacer un grupo de personas vestidas de blanco y verde un domingo a las siete de la mañana en una gasolinera? Seguro que más de uno de los noctámbulos de vidriosos ojos que volvían de las discotecas de Chinales no tenía muy claro a qué obedecía esa extraña asamblea. Algún otro, como el que se afanaba en colocar sus productos cordobesistas - léase bufandas y banderas- a la venta en las proximidades de los autobuses, sí.
Viajábamos, por primera vez en la temporada o por enésima según se mire, conscientes de que lo único que compensaría el nuevo sacrificio sería la victoria. Era día de épica y de transistores. De valium y anfetaminas en forma de goles. De mucha carretera y sueño contenido. Elche, ciudad y equipo ligados íntimamente a la historia reciente del cordobesismo, esperaba.

La ida

Los temas recurrentes durante todo el trayecto, amen de la tan típica pregunta de “¿a cuánto queda Elche?”, eran la compra-venta al por mayor de partidos, la insensatez de Pina y el temor por viajar a terreno hostil. Todos los apartados fueron quedando claros, en un sentido o en otro, a lo largo del día. De todos modos, la mente humana es un terreno tan inescrutable y privado que da lugar a tantas interpretaciones como personas y a tantas suspicacias como euros y céntimos caben en un maletín.
Los dos altos en el camino no pudieron ser más desiguales. En el primero, en Guadix, nos acogió un escenario glamoroso al máximo, un hotel de cuatro estrellas; el segundo, en las afueras de Murcia, tuvo lugar en un motel-restaurante-tasca-autoservicio donde, sin embargo, me sirvieron uno de los mejores arroces que haya comido nunca. Fue allí, alrededor del plato, en donde, en compañía de José, Pepé y algún que otro ciberpeñista más, mantuvimos una breve pero interesante tertulia sobre lo que nos esperaba en el partido del Martínez Valero. Afortunadamente, acertamos.

El esperpento

Sobre las dos de la tarde llegamos a Elche. Un calor húmedo hacía que las elásticas blanquiverdes se aferraran a los cuerpos como fundidas. Lagos de sudor por doquier. Una extraña estrategia de los conductores nos obligó a caminar durante una media hora mientras veíamos cómo, hacia donde dirigíamos los pasos, ellos nos seguían en sus vehículos. El por qué de tan curiosa maniobra nunca fue desvelado.
Así, en grupo, protegidos contra cualquier peligro de agresión local, llegamos a un establecimiento de comida rápida donde permanecimos alrededor de una hora al solaz abrigo del aire acondicionado. Fue una pena que, por motivos de seguridad, no pudiera escaparme para visitar el Palmeral de Elche o el centro de la ciudad, pero luego pude entender por qué.
Sobre las cinco nos aproximamos al estadio y comenzó el esperpento. El rumor de un posible regalo de entradas alertó a los desplazados y nos arrastró a la puerta de acceso al estadio donde, según se decía, nos esperaría “alguien” con doscientas localidades. Al no satisfacer por completo la demanda- allí estábamos más de trescientas personas- se pediría un donativo de dos euros para poder costear la entrada a los que se quedaran sin regalo. La idea era buena, pero la ejecución fue lamentable. Daban las cinco y media y nadie aparecía por allí. El problema era que tampoco sabíamos a qué o a quién estábamos esperando.
Mientras, algunos aprovechaban-supongo que por aburrimiento- para calentar el ambiente insultando a Elche y los ilicitanos. Al final, consiguieron que un reducido grupo de ultras locales se pasara por allí y, de no ser por la rápida intervención de la policía, la cosa podría haber pasado a mayores. Aún recuerdo la cara de algunos jóvenes y algún anciano mirando incrédulos y alarmados el incidente. Una pena.
El dantesco espectáculo empezó a adquirir tintes más serios sobre las seis menos veinte. Habíamos hecho quinientos kilómetros, demasiados para perdernos un solo segundo de encuentro, así que algunos comenzaron a ponerse nerviosos. Sobre esa hora apareció el personaje de la tarde. Rosillo, eso ponía en su camiseta, era un sujeto enclenque , de profundos y saltones ojos azules y con aspecto de portar una cogorza total. Su aparente buena maña a la hora de ingerir cubatas contrastaba con su capacidad para organizar un reparto del que, sólo y exclusivamente él, tuvo la culpa de que saliera tan rematadamente mal. Él y, claro está, quien le otorgara esa facultad pese a encontrarse en tan patéticas- y evidentes- condiciones. Era el único que estaba ebrio de toda la expedición.
Como perros hambrientos, la multitud se abalanzó sobre el sujeto. Alguien, en pleno desconcierto, le arrebató un taco de entradas y decidió fijar, por su cuenta y riesgo, en tres euros, el precio-donativo por la localidad. Algunos, Ismargon y yo por ejemplo, decidimos pagar quince euros en la taquilla y obviar problemas. De todo esto me quedó otra duda: ¿ a qué bolsillo habrán ido a parar esos euros recaudados para comprar la entrada de Ismargon y la mía ?

La alegría, el miedo, el retorno

Una vez capeado provisionalmente el temporal todos ocupamos, de pie o sentados, nuestra localidad en el estadio de los franjiverdes. Es colosal el Martínez Valero, un estadio de fútbol acostumbrado en otras épocas a albergar partidos de mayor trascendencia y diseñado, por tanto, para ello. Sin embargo, tanto asiento vacío le otorgaba un carácter melancólico, casi derrotista. No pasaba nada porque ellos perdieran ese partido.
A pesar de no irle nada en el duelo, la afición ilicitana se alegró y mucho cuando Nino nos cercenaba provisionalmente las esperanzas con un gol producto de un error defensivo clamoroso. Tuvo tanto tiempo para pensar por dónde meter el balón en la portería de Saja que podría haberse tomado incluso una copa dentro del área (si el tal Rosillo hubiera dejado algo de alcohol en Elche, claro).
No obstante, los golpes parece que ya hayan hecho callo en nuestra afición, los desplazados no dejamos de cantar y animar con fe. En parte eso colaboró a que Selu , de imparable cabezazo, empatara poquito después. Eso fue determinante en el devenir del partido porque quedaba mucho por jugar.
Tras el descanso, el equipo local parecía que había perdido las ganas de complicar la vida, circunstancia esta que, sorprendentemente, el Córdoba no parecía querer aprovechar. Era un sin sentido que alteraba sobremanera al personal, máxime cuando de los cambios del entrenador se vislumbraba una apuesta claramente ofensiva.
Cuando el ánimo empezaba a flaquear apareció Sérvulo para cambiar las cosas. Con suerte, de carambola, un disparo suyo se alojaba en la portería de Caballero. Delirio. Saltos, cánticos, desparrame...nada ni nadie se acordaba del sufrimiento, ni del viaje, ni de Rosillo, ni de los cánticos ofensivos de los ilicitanos. Antonio Paíllo movía su bandera y hacía que las plumas del sombrero de otro entrañable bohemio cordobés se agitasen como pavo real en celo.
Un larguísimo rato después, un cuarto de hora que duró dos o tres mundos, acabó el encuentro. El de negro pitó más tarde de lo deseable. El partido moría pero nadie, de los del Córdoba se presupone, se movía de allí. Esa cornucopia en la que se ha convertido nuestra permanencia nos conminaba más que nunca a permanecer.
Luego vino la vuelta. La policía evitando que los vientos sembrados no cosechasen tempestades líticas, rezos y alegrías por el empate entre Ciudad de Murcia y Málaga B- con sustos intercalados cada vez que escuchábamos al locutor contar cómo Goitia paraba los ataques rojillos-, un encuentro casual con seguidores del Águilas con los que compartimos bar y recuerdos futboleros y un regreso de legañas, oscuridades interrumpidas y pelis de Robert de Niro. Algunos incluso pudimos dormir cuando Bruno dejó de hacer de Vale con irregular fortuna.
Sería injusto tener que despertar bruscamente de esta quimera dentro de dos semanas. ¿Será la próxima una crónica feliz con olor a noche de verano tinerfeña? Ojalá.

Toni Cruz.
 









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Publicado en: 2005-06-10 (957 Lecturas)

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